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En primera línea.- La crisis del Coronavirus contada por los familiares de nuestros compañeros

Las personas entrevistadas coinciden en que han sentido preocupación, miedo e incertidumbre, y a la vez un inmenso orgullo por el trabajo que estaban desempeñando sus hijos, hijas, padre o madre para salvar la vida de las personas

Gema Freire.- Son la otra cara de la moneda, los otros grandes sufridores de esta crisis sanitaria, de los que apenas se habla. Son las madres, padres, hermanos, parejas e hijos de los enfermeros y enfermeras que día tras día han estado -y siguen estando- dejándose la piel en primera línea de batalla frente al coronavirus, con el riesgo que esto supone, tanto para ellos como para su entorno más cercano.

En nuestra provincia, al igual que en resto de España, cientos de enfermeros y enfermeras han actuado -aún lo están haciendo- como primer escudo frente a la pandemia, todos con un compromiso social y, a la vez, con una preocupación común: salvaguardar la salud de sus familiares. Para ello, algunos escogieron la opción de vivir fuera del domicilio habitual como medida de precaución, dejando a los hijos a cargo de familiares y amigos, otros no han tenido más remedio que continuar viviendo bajo el mismo techo, extremando las precauciones e instaurando en sus casas desde el principio, lo que el resto de la población está conociendo ahora como nueva ‘normalidad’.

Muchos, desde los primeros días de esta pandemia, han dejado de sentarse a la mesa con los suyos y, en caso contrario, lo han hecho manteniendo una distancia de seguridad. Se acabaron por un tiempo los cuentos por las noches, los besos, los abrazos, ver una película junto a los seres queridos, sentir el calor de un hijo sobre el pecho justo antes de quedarse dormido, etc. La mascarilla los ha acompañado en todo momento, tanto fuera de casa como dentro de ella, lo hacen para proteger a los suyos, porque ellos, más que nadie, saben lo que tienen entre manos y lo que ponen en juego, pero vivir con la incógnita de ser un posible portador e infectar a los tuyos se ha convertido para muchos en una auténtica pesadilla.

Antonia Navarro, madre de la enfermera Esperanza Merino

Esperanza Merino.

Antonia Navarro es madre de Esperanza Merino, enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario de Puerto Real. El marido de su hija también es enfermero del mismo centro sanitario, por tanto, el miedo lo ha experimentado por partida doble. Esta pareja de enfermeros son padres de dos niñas mellizas de 4 años. Antonia vive con su hija en una casa de campo en El Puerto de Santa María y cuando empezó todo esto, su hija se planteó encerrarse en una habitación: “No lo pensé ni un momento, le dije que de eso nada. En ningún momento he sentido miedo por mí, lo he sentido por ellos. Son mi vida, yo me podría haber ido a otro lugar, pero prefiero asumir el riesgo, estar aquí y ayudarlos con las niñas”, explica Antonia, que reconoce que no ha sido capaz de conciliar bien el sueño desde que estalló esta crisis sanitaria.

“Ellos tienen su baño independiente, no se quitan la mascarilla ni para estar por casa y cuando nos sentamos a la mesa comen separados de nosotros. Hemos sufrido mucho todos hasta que les hicieron los test. No puedo hacer más que agradecer a todos esos sanitarios que, como mi hija y mi yerno, están arriesgando tanto para que salgamos de ésta, estoy muy orgullosa de todos ellos, y les pido que tengan mucho cuidado y que se protejan porque sus familias les esperan en casa”.

Isabel Moya, madre de la enfermera Carmen González

Carmen González.

Isabel Moya es la madre de Carmen González, hija única y enfermera de la UCI del Hospital Punta de Europa de Algeciras. Su hija está separada y habitualmente vive con ella y con sus dos pequeños, una niña de 8 años y un niño de 13. Como tantos padres y madres separados que son sanitarios, Carmen prefirió que los niños se fueran con su padre mientras duraba la crisis sanitaria, y eso quizás ha sido lo más duro tanto para ella como para los abuelos. El caso de Carmen tiene más mérito, si cabe, ya que su contrato era para una semana en la UCI del Hospital Punta de Europa. Un riesgo muy superior a la calidad de su contrato, pero cuando la llamaron no se lo pensó dos veces, “porque es mi vocación”. Ahora tiene contrato hasta el 30 de junio y espera poder continuar en el centro sanitario durante los meses de verano.

Isabel, su madre, reconoce que al principio estaba muy asustada y angustiada, tanto que cualquier tos era un motivo de alarma y una señal que llevaba inevitablemente a pensar que estaba contagiada. La realización de los test tranquilizó a la familia, por eso creen que se les debería haber hecho antes, porque “nos hubieran ahorrado mucho sufrimiento”. “La gente no es consciente de lo que les puede pasar ni de lo que ha estado pasando. Yo a veces le digo a mi hija que no me cuente nada, si es duro escucharlo, vivirlo debe ser horrible”, comenta Isabel.

Paula Rodríguez, hija del enfermero Juan Rodríguez

Juan Rodríguez con una compañera.

Paula Rodríguez es hija de Juan Rodríguez, enfermero de la UCI en el Hospital Punta de Europa de Algeciras. A sus 24 años asegura que ha vivido la situación con mucha naturalidad “porque al fin y al cabo mi padre lleva muchos años en esta Unidad, no es la primera vez que se expone a enfermedades infecciosas y confiamos mucho en él y en los medios que les aportan”. En el caso de esta familia, la experiencia ha sido un grado y las medidas de higiene que para el resto de la población han sido novedosas para ellos estaban implantadas en casa “desde que tengo uso de razón”. De ahí que Paula considere que éste es un motivo más para defender la figura del enfermero en los colegios: “Yo he tenido la suerte de que mi padre me ha enseñado desde pequeña a lavarme bien las manos y a frotarme entre los dedos, a desinfectar, y me parece esencial que se interioricen este tipo de costumbres desde pequeño porque en situaciones como ésta es sumamente importante haber recibido esta educación.”

Francisco Lozano, padre del enfermero Francisco Jesús Lozano

Francisco Jesús Lozano.

Francisco Lozano es el padre de Francisco Jesús, un enfermero de la UCI del Hospital Universitario Puerta del Mar, y de Mercedes, enfermera de la Unidad de Pediatría. Su hijo vive con él y reconoce que en su casa se ha vivido la situación con mucha incertidumbre y preocupación. “La que peor lo ha llevado ha sido mi mujer, hasta el punto de que tuvo que dejar de ver las noticias porque le empezó a afectar negativamente.” A estos padres, el riesgo que han corrido sus hijos les ha quitado el sueño y las ganas de hacer cosas.

“Nos hemos obsesionado un poco con la limpieza y la desinfección de la casa, y hemos intentado mantener la mente ocupada cocinando y haciendo ejercicios, pero ha sido muy duro”. Para Francisco lo peor ha sido no poder ver a su nieto durante cerca de dos meses, ya que durante el tiempo más crítico de la pandemia el pequeño ha permanecido con su madre. “La verdad es que ha sido un cambio de la noche a la mañana. Ya no es sólo que te cambien tu rutina diaria de buenas a primeras, es ver en nuestro caso a un hijo que se va a la primera línea, vestido con esos equipos que tanto impresionan y después verlo llegar a casa con cara de preocupación y de cansancio. Prácticamente lo que ha estado haciendo estos dos meses es trabajar y dormir porque llegaba agotado. A todos se nos ha parado la vida”, explica Francisco quien también se queja del sufrimiento que ha supuesto para las familias que los test no se hayan hecho antes y que se les repitieran cada cierto tiempo.

Estos son sólo unos pocos testimonios de los muchos que se podrían recopilar. Cada enfermero o enfermera que ha estado jugándose la vida en el trabajo, día tras día, tiene detrás una historia personal, una familia y unos miedos que pensaban más que los equipos de protección y que había que superar antes de enfundarse en los EPI.

Los hay que, tras muchas semanas de sacrificio, de estar lejos de los suyos, han tenido la necesidad de ir a ver a sus hijos, aunque fuese desde el rellano y viéndose obligados a marcar esa distancia a la que un padre o una madre es incapaz de acostumbrarse. Y todo por venir de salvar vidas y de poner la suya al servicio de los demás.

Pero si de algo pueden estar seguros estos enfermeros es que para sus hijos, padres y para el resto de sus familiares son los verdaderos héroes de esta pandemia. Y para nosotros, también.

Equipo de UCI del Hospital Punta de Europa de Algeciras.

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