
Juan Antonio Serván.
El próximo 3 de junio, el Hospital U. La Línea de la Concepción acogerá las IV Jornadas de Humanización, que bajo el lema “Humanización: encontrando el rumbo”, nacen con el objetivo de consolidar en la provincia de Cádiz una comunidad de profesionales comprometidos con una atención sanitaria más humana, cercana y centrada en las personas
Por este motivo, entrevistamos a Juan Antonio Serván, presidente del Comité Organizador y subdirector de Enfermería del Área de Gestión Sanitaria Campo de Gibraltar Este (AGSCGE), quién defiende que la humanización no puede quedarse en un concepto teórico, sino traducirse en proyectos concretos y aplicables en hospitales y centros de salud
Durante la jornada se compartirán experiencias innovadoras relacionadas con salud mental, cuidados paliativos, atención domiciliaria, accesibilidad, espiritualidad, trabajo social y mejora de circuitos asistenciales, demostrando que la humanización ya se está desarrollando en distintos centros sanitarios de la provincia
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Inmaculada Martínez A.- ¿Cómo surge la iniciativa de celebrar estas IV Jornadas de Humanización y qué objetivos principales persigue esta edición?
Esta iniciativa nació de una convicción compartida: que la humanización no puede quedarse en el discurso. Las tres ediciones anteriores demostraron que había una demanda real entre los profesionales de la provincia de Cádiz de tener un espacio propio donde compartir experiencias, reflexionar juntos y aprender de lo que otros están haciendo. Esta cuarta edición da un paso más: queremos consolidar una comunidad de práctica en torno a la humanización, que los proyectos que se presenten no queden en el papel, y que cada asistente vuelva a su centro con algo concreto que poder aplicar.
El lema de este año es «Humanización: encontrando el rumbo». ¿Qué significado tiene y qué mensaje quieren transmitir con él?
El lema tiene mucha intención detrás. Vivimos un momento en el que los sistemas sanitarios están sometidos a una presión enorme: listas de espera, escasez de personal, exigencia creciente… y en ese contexto es fácil perder el norte de para qué estamos aquí. «Encontrando el rumbo» no significa que estemos perdidos, sino que es necesario detenerse, mirar el horizonte y reorientar. La humanización es precisamente esa brújula: nos recuerda que en el centro de todo hay una persona, un paciente, una familia. Y también un profesional que merece ser tratado con la misma dignidad.
¿Por qué considera que la humanización debe ocupar un lugar prioritario dentro del sistema sanitario actual?
Porque sin humanización, la excelencia técnica se queda coja. Podemos tener los mejores protocolos, la tecnología más avanzada y los indicadores más impecables, y aun así fallar en lo esencial: hacer sentir a las personas que son el centro de lo que hacemos. Desde mi posición como subdirector de Enfermería y presidente de la Comisión de Humanización del AGSCGE, lo veo cada día: cuando un profesional cuida con humanidad, el resultado clínico mejora, la experiencia del paciente mejora y el propio profesional encuentra más sentido en su trabajo. No es un lujo, es una necesidad estructural.
¿Qué papel desempeñan los profesionales de Enfermería en la construcción de una atención sanitaria más humana y cercana?
La Enfermería es, por definición, la disciplina del cuidado. Somos quienes más tiempo estamos con el paciente, quienes le cogemos la mano a las tres de la madrugada, quienes gestionamos el miedo y la incertidumbre de las familias. Ese vínculo es insustituible. Pero más allá de la presencia, los enfermeros y enfermeras tienen una capacidad enorme para liderar cambios en el modelo asistencial: desde rediseñar circuitos para que sean más dignos y eficientes, hasta promover la autonomía del paciente o acompañar procesos tan delicados como el final de vida. La Enfermería no es solo ejecutora de cuidados; es un agente transformador del sistema.
Tras las experiencias previas en Jerez, Algeciras y Puerto Real, ¿qué balance hacen de la evolución de estas jornadas?
Muy positivo. Cada edición ha tenido su propia identidad y ha respondido a las necesidades del momento. Hemos visto crecer la participación, diversificarse los proyectos que se presentan y, sobre todo, consolidarse una red entre profesionales de toda la provincia que de otra manera no tendrían ocasión de conectar. Lo que más me satisface es que estas jornadas han generado sinergias reales: proyectos que se han conocido aquí y luego se han replicado en otros centros. Eso es exactamente lo que queremos.
¿Cuáles son los principales retos que afrontan hoy los profesionales sanitarios para mantener una atención centrada en las personas?
Diría que hay tres grandes tensiones. La primera es el tiempo: la presión asistencial reduce los márgenes para el trato pausado y el acompañamiento. La segunda es el agotamiento emocional, que es real y que necesita ser abordado sin culpabilizar a los profesionales. Y la tercera es la cultura organizativa: a veces los propios sistemas y procesos están diseñados más para la eficiencia administrativa que para la experiencia del paciente. Superar esos retos requiere liderazgo comprometido, estructura y recursos, no solo buena voluntad individual.
¿Qué tipo de experiencias o proyectos se van a compartir durante esta edición?
El programa refleja muy bien la riqueza y diversidad de lo que está ocurriendo en la provincia. Hemos organizado cuatro mesas temáticas que recorren la humanización desde distintos ángulos.
La Mesa Norte pone la mirada directamente en el paciente: desde el abordaje grupal de la ansiedad con el programa GRAFA, hasta la humanización en alimentación para pacientes con disfagia, pasando por la terapia sustitutiva renal domiciliaria en Nefrología, que es un ejemplo magnífico de cómo devolver al paciente a su entorno sin renunciar a la calidad asistencial.
La Mesa Sur le da la voz a las historias. Hay una ponencia en primera persona de un paciente, que para mí es de lo más valioso del programa, junto a proyectos tan potentes como Safewards en la unidad de salud mental de Jerez o el Proyecto Tarifa.
La Mesa Este se centra en los valores: cuidados paliativos, trabajo social como garante de la dignidad, espiritualidad en la práctica enfermera y muerte digna. Un bloque exigente, necesario y valiente.
Y la Mesa Oeste nos habla del entorno como aliado: integración de personas con discapacidad auditiva, paseos saludables, y un proyecto de rediseño del circuito de radiología en La Línea que plantea algo tan sencillo y tan transformador como que el paciente pueda recibir toda la información que necesita en un solo acto.
En conjunto, el programa demuestra que la humanización no es una idea abstracta: está pasando, aquí, en nuestra provincia, en centros grandes y pequeños, en el hospital y en el centro de salud.
¿Cómo influye la humanización en la recuperación y bienestar de los pacientes y sus familias?
La evidencia es clara: los pacientes que se sienten escuchados, informados y acompañados tienen mejores resultados. La humanización reduce la ansiedad, mejora la adherencia al tratamiento, facilita la toma de decisiones compartida y hace que el proceso, aunque sea difícil, resulte más digno. Para las familias, que muchas veces son cuidadores invisibles del sistema, la humanización significa sentirse incluidas, no excluidas. Eso no es secundario: es parte del cuidado.
En muchas ocasiones se habla de humanizar la asistencia al paciente, pero ¿también es necesario humanizar el cuidado hacia los propios profesionales?
Absolutamente, y es una de las cosas en las que más insisto. No podemos pedir a los profesionales que ofrezcan calidez, empatía y presencia si ellos mismos están trabajando en entornos que los deshumanizan. El bienestar del profesional no es un tema paralelo a la humanización: es su condición de posibilidad. Si un enfermero o una enfermera se siente visto, reconocido, acompañado en su trabajo, eso se traduce directamente en la calidad del cuidado que ofrece. La humanización tiene que ser de doble dirección.
¿Cómo puede integrarse la humanización en ámbitos sanitarios con alta presión asistencial o falta de recursos?
Esta es la pregunta difícil, la que todos los gestores nos hacemos. Mi respuesta es que humanizar no siempre requiere más recursos, pero sí requiere voluntad y método. Muchas veces se trata de reorganizar procesos, de cambiar protocolos que generan burocracia innecesaria y roban tiempo al cuidado, de escuchar a los profesionales de primera línea que saben exactamente dónde están los cuellos de botella. También es cierto que hay aspectos que requieren inversión, y hay que defenderlos con datos. En nuestro caso hemos trabajado mucho en vincular los proyectos de humanización a indicadores de calidad y seguridad precisamente para poder argumentar esa inversión con evidencia.
¿Qué valor aporta la colaboración del Colegio de Enfermería de Cádiz en la organización de estas jornadas?
Un valor enorme. El Colegio aporta legitimidad institucional, capacidad de convocatoria y una visión de toda la provincia que desde un solo centro hospitalario sería imposible tener. Esta colaboración permite que las jornadas sean realmente provinciales, que lleguen a profesionales de muy distintos contextos —hospital, atención primaria, salud mental, sociosanitario— y que el mensaje de la humanización se difunda con una fuerza que de otra manera no tendría. Estoy muy agradecido a su implicación.
¿Qué novedades o aspectos diferenciales presenta esta cuarta edición respecto a años anteriores?
Esta edición incorpora una apuesta más clara por el liderazgo humanizado como eje transversal. No solo humanizar el trato al paciente, sino repensar cómo lideramos los equipos, cómo tomamos decisiones, cómo construimos entornos de trabajo donde las personas quieran estar. También apostamos por dar más espacio a proyectos concretos y replicables, con metodología sólida detrás, que puedan servir de referencia para otros centros de la provincia.
Y, para finalizar, ¿qué le gustaría que se llevaran los asistentes al terminar esta jornada?
Me gustaría que se llevaran, sobre todo, al paciente en el centro. Que al salir de aquí cada profesional recuerde por qué eligió esta vocación: porque detrás de cada cama, de cada diagnóstico, de cada protocolo, hay una persona con miedo, con esperanza, con una familia que espera noticias. Eso no puede perderse nunca, por mucha presión asistencial que haya, por muchos turnos seguidos que llevemos encima.
Y junto a eso, me gustaría que se llevaran la convicción de que preocuparse por el paciente y preocuparse por el profesional no son cosas distintas: son la misma cosa. Un profesional que se siente cuidado, reconocido y acompañado en su institución, cuida mejor. Y un paciente que se siente visto, escuchado y tratado con dignidad, se recupera mejor. Esa es la esencia de lo que intentamos construir.
Si al final del día cada asistente sale de aquí pensando en cómo mejorar aunque sea un pequeño aspecto de la experiencia de sus pacientes, estas jornadas habrán tenido sentido. Porque la humanización no es un proyecto, es una actitud. Y actitudes como esa son las que cambian los sistemas desde dentro.
























