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Juan Francisco Arrabal: “Los enfermeros de prisiones hemos asumido una mayor presión asistencial y más responsabilidades”

Gema Freire.- El Consejo General de Enfermería, a través de su Instituto Español de Investigación Enfermera y un grupo de enfermeros expertos, anunció hace unos días que habían elaborado un documento en el que se actualizaban las competencias profesionales de los enfermeros de Instituciones Penitenciarias. Unos profesionales que se rigen por un reglamento arcaico y obsoleto aprobado en 1981 y por el que, ante cualquier intervención, incluso de su competencia, el enfermero queda desprotegido y a riesgo de ser acusado por intrusismo profesional. Juan Francisco Arrabal trabaja en el Centro Penitenciario Puerto III desde su apertura en el año 2007 y nos habla a lo largo de la siguiente entrevista de cuál es la situación del colectivo, sus principales reivindicaciones y sobre cómo han readaptado su trabajo en las cárceles ante el COVID-19.

 ¿Cómo ha evolucionado la asistencia sanitaria en las prisiones desde 2007?

Mi carrera profesional en Instituciones Penitenciarias comenzó en el 2005 como interino en el Centro Penitenciario de Málaga I, en Alhaurín de la Torre. Posteriormente, tras aprobar las oposiciones y superar el periodo de prácticas en el Centro Penitenciario Huelva, tomé posesión como funcionario de carrera en el Centro Penitenciario Puerto III. La sanidad penitenciaria ha sido un referente internacional, pero desde hace unos años está acusando la falta de personal médico, y esta situación indeseable, que paulatinamente está creciendo, repercute sobre el colectivo de enfermeros, quienes hemos asumido una mayor presión asistencial y responsabilidades.

¿Cómo se estructura el servicio sanitario en los centros penitenciarios de la provincia?

En España la atención sanitaria de las prisiones se regula, entre otras normativas, según lo dispuesto en el Real Decreto 190/1996 de 9 de febrero, y sus modificaciones posteriores por el que se aprueba el Reglamento Penitenciario. La asistencia sanitaria tendrá carácter integral y estará orientada tanto a la prevención como a la curación y la rehabilitación con especial atención a la prevención de las enfermedades transmisibles.

Actualmente, la sanidad penitenciaria desarrolla su actividad en 79 establecimientos penitenciarios en toda España y todos disponen de un departamento de enfermería. En mi centro de trabajo, este departamento está formado por un área administrativa y otra de seguridad y vigilancia y salas de curas y urgencias, de observación, de cirugía menor, de Educación para la Salud y otras destinadas a consultas médicas, radiología y consulta de odontología. Además, el centro dispone de una planta con habitaciones destinadas a los pacientes que deben quedar ingresados en enfermería y el resto de los módulos asistenciales cuenta con salas de consulta donde los enfermeros realizamos una parte importante de la labor asistencial.

A esto hay que sumar que se garantiza una Atención Especializada que, en ocasiones, se presta en los propios establecimientos penitenciarios y, cuando la atención lo requiere, a través de la red hospitalaria extrapenitenciaria.

¿Cuántas personas forman el equipo sanitario en cada centro?

Cada establecimiento penitenciario tiene una Subdirección médica o Jefe de servicios médicos, una Subdirección de enfermería (en los hospitales psiquiátricos penitenciarios), un supervisor de enfermería, médicos/as, enfermeros/as y auxiliares de enfermería en número variable, según su tamaño y el de la población reclusa. Algunos centros disponen igualmente de un farmacéutico y técnico en radiodiagnóstico. Algunos especialistas de alta demanda pasan consulta en el interior de los centros, fundamentalmente Odontología, Psiquiatría y Ginecología, evitando así el desplazamiento de los internos. Quisiera aprovechar la oportunidad para destacar la buena relación y agradecer los servicios prestados en nuestro centro a los especialistas de Cirugía, Urología, Internistas y Traumatología del Hospital Universitario de Puerto Real.

¿Qué funciones realiza el servicio y, dentro de él, los enfermeros?

Nos encargamos de atender las urgencias, las consultas programadas y a demanda, realizamos curas y técnicas de enfermería, cirugía menor, analíticas, desarrollamos programas de prevención y control de enfermedades transmisibles, programas de vacunación y el Programa de Atención Integral a Enfermos Mentales. Además, hacemos educación para la salud y nos encargamos de la preparación y reparto de Metadona y otros tratamientos. Los problemas de salud que nos solemos encontrar son los relacionados con enfermedades infecciosas, toxicomanías y patología dual, enfermedades mentales y las patologías crónicas.

Con respecto a las funciones de los enfermeros, me gustaría celebrar que en este mes de junio el Instituto Español de Investigaciones Enfermeras y el Consejo General de Enfermería de España han editado el “Marco de Competencias de la Enfermera/o en el ámbito de los cuidados de Instituciones Penitenciarias”. Este documento recoge aquellas funciones y competencias que los enfermeros desarrollamos en el ejercicio de nuestra profesión en instituciones penitenciarias. Sin embargo, la realidad es que nos seguimos rigiendo por el artículo 324 del Reglamento Penitenciario de 1981, ya obsoleto.

¿Qué perfil debe tener el enfermero que quiera desempeñar su trabajo en una prisión?

En primer lugar, debe tener la empatía y sensibilidad necesarias para entender la realidad social de la población reclusa. Debe ser un profesional con un perfil que se enmarque en la Atención Primaria. Un profesional capaz de enfrentarse a situaciones sanitarias muy diversas como son las urgencias, la prevención y control de enfermedades transmisibles y crónicas, las drogodependencias, la atención a pacientes psiquiátricos, así como otras que se desarrollan en un espacio supeditado por unas normas y una seguridad muy diferentes a otros ámbitos.

Según los sindicatos, 1 de cada 4 presos tiene algún tipo de patología crónica o infecciosa tales como el VIH, Hepatitis o enfermedades ya controladas en España como la tuberculosis, ¿a cuántos reclusos atendéis de media diariamente?

La enfermería en nuestro ámbito ha sido un pilar fundamental en la prevención, control y seguimiento de estas enfermedades infecciosas a través de programas de salud. Entre las estrategias e intervenciones que los enfermeros realizamos destacaría la búsqueda activa de casos a través del reconocimiento de síntomas y signos compatibles con las enfermedades infecciosas. Para ello, realizamos serologías a toda la población y otras pruebas específicas en casos sospechosos. A los casos diagnosticados, además de administrar los tratamientos prescritos, se les hace un seguimiento en la consulta de enfermería para valorar y reforzar la adherencia al tratamiento. El resultado de nuestro trabajo, en colaboración con el resto del equipo sanitario, es una alta tasa de pacientes VIH con cargas virales indetectables, un gran número de pacientes con Virus de Hepatitis C curados y una baja incidencia de casos de pacientes con tuberculosis bacilífera que son rápidamente diagnosticados y tratados.

Actualmente, en nuestro centro tenemos una población de internos que rondan los 1.150 aproximadamente, aunque hemos llegado a albergar 1.700. Somos 11 enfermeros y el supervisor de Enfermería, lo que permite llevar una asistencia presencial las 24 horas al día, los 365 días del año.

¿Cómo se ha conjugado esta situación con la llegada del COVID-19?

La aparición del COVID-19 obligó a la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias a adoptar una serie de medidas restrictivas en cuanto a la movilidad de los internos, el acceso de familiares y profesionales extrapenitenciarios a los centros, y la supresión de talleres productivos, educativos y otras medidas, todas ellas dirigidas a la prevención y al control de la enfermedad. Estas medidas han permitido que la afectación por la llegada del COVID-19 haya sido cuatro veces inferior a la de la población general, con solo 82 confirmados positivos y 2 fallecidos sobre una población cercana a 50.000 reclusos (datos oficiales a nivel nacional de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias a 25-06-2020). Lamentablemente, también debemos recordar la pérdida de cuatro compañeros, además de 274 trabajadores confirmados positivos (datos oficiales a nivel nacional de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias a 25-06-2020).

¿Cómo se han readaptado los servicios sanitarios durante el estado de alarma?

La readaptación de los servicios sanitarios se ha dirigido a extremar las precauciones para evitar la transmisión del virus entre los profesionales, profesionales e internos y entre los propios reclusos. Algunas medidas adoptadas que han afectado a los profesionales han sido la creación de grupos estancos de trabajo para limitar la exposición y/o contactos con otros compañeros para reducir el contagio, horarios de trabajo especiales durante el periodo de alarma, distanciamiento social en intervenciones y actividades con la población interna posibilitando el desarrollo de las mismas en dependencias que cuenten con ventilación. Además, hemos incrementamos el uso de los Equipos de Protección Individual, hemos cancelado consultas a demanda para priorizar las urgencias y atención programada individualizada y hemos realizamos test rápidos a todos los sanitarios y trabajadores del centro que lo solicitaron. Inevitablemente, tuvimos que posponer actividades programadas que se realizan normalmente en grupo.

¿En qué se ha centrado el trabajo durante estos meses atrás?

Aunque afortunadamente no hemos tenido casos diagnosticados entre nuestra población, los servicios se han centrado en la prevención de contagios y en la identificación de casos sospechosos o probables para su aislamiento y/o traslado al hospital para confirmar su diagnóstico precoz y tratamiento. Asimismo, ha supuesto un gran esfuerzo la atención a muchos internos que, por seguridad, han debido permanecer aislados durante 14 días.

¿Qué medidas de precaución se han tomado en las prisiones de la provincia para evitar contagios?

Han sido muchas las medidas que se han adoptado durante el estado de alarma y que, indudablemente, han favorecido a reducir el riesgo de contagios. Algunas de ellas han sido suspender las conducciones entre centros penitenciarios, las salidas de permisos y salidas programadas y las comunicaciones íntimas con familiares, hemos reforzado la limpieza y desinfección del centro y mantenido en cuarentena durante al menos 14 días a aquellos internos que ingresaban o reingresaban y que procedían del hospital y de otras salidas extraordinarias. Además, hemos potenciado el uso de mascarillas higiénicas y quirúrgicas entre los internos cuando la situación lo requiere, y hemos facilitado la permanencia voluntaria en celda a los internos.

¿Los reclusos respetan las normas de seguridad impuestas para evitar contagios?

Ha sido elogiable el comportamiento de los internos e internas durante el periodo de Estado de Alarma. Las medidas de prevención de enfermedades transmisibles es un contenido que los enfermeros abordamos frecuentemente desde la Educación para la Salud en los centros penitenciarios pero que con la llegada del virus ha tenido una mayor importancia si cabe. El lavado de manos, el mantenimiento de la distancia social, el uso de mascarilla, la identificación de síntomas sugestivos de COVID-19, son contenidos y mensajes que los enfermeros hemos trabajado y repetido constantemente durante estos meses para conseguir y reforzar una conducta a favor de la prevención y el diagnóstico precoz de la enfermedad.

¿Cómo está siendo el paso a la nueva normalidad?

El paso a la nueva normalidad se está realizando atendiendo al Documento técnico “Medidas de desescalada en centros penitenciarios en relación al COVID-19” Versión de 10 de junio de 2020 elaborado por el Ministerio de Sanidad y la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias.

Esta nueva normalidad, ha permitido que tras tres meses con las prisiones cerradas al exterior se reanuden de forma progresiva las comunicaciones íntimas, familiares y de convivencia, y se ponga fin a la obligatoriedad de las cuarentenas para todos los internos e internas al ingreso o reingreso en el centro penitenciario o a la vuelta del hospital, salvo indicación médica.

El equipo sanitario de mi centro percibimos la llegada de la nueva normalidad con preocupación e incertidumbre ante los brotes que están apareciendo en el exterior y que pueden provocar un aumento del riesgo de contagio en nuestros internos y en el propio personal.

No quisiera terminar sin antes destacar la labor ejemplar de todos los compañeros que prestan servicios en centros penitenciarios y, especialmente, la de un colectivo que constituye un pilar fundamental en la sanidad penitenciaria y que en muchas ocasiones ha sido olvidado y poco valorado como es la Enfermería de Instituciones Penitenciarias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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